INTRODUCCIÓN

El plantear acciones que coadyuven a incrementar la resiliencia de las ciudades para hacer frente al problema del aumento del riesgo derivado del cambio climático, implica un pensamiento sistémico, con un abordaje interdisciplinario que conceptualice a las ciudades como sistemas socio-ecológicos (SSE) con características y problemas particulares. De acuerdo con el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, 2014), las ciudades costeras son las que presentan mayores riesgos de desastre ante el cambio climático debido al incremento en el nivel medio del mar, así como al aumento en número e intensidad de los huracanes con vientos fuertes y grandes cantidades de agua en las últimas décadas. Las ciudades resilientes reducen los riesgos de desastres naturales y antropogénicos y su vulnerabilidad a eventos extremos para responder de manera creativa e innovadora a los efectos del cambio climático en sus dimensiones económica, social y ambiental en pro de su desarrollo sostenible. Incrementar su resiliencia involucra construir y fortalecer la resiliencia de sus instituciones, infraestructura, vida social y económica, y del entorno natural.

México es uno de los cinco países en el mundo donde se tiene proyectado un alto incremento de la pobreza debido a eventos extremos inducidos por el clima. El riesgo de desastre en los asentamientos urbanos aumenta por la concentración de población, actividades económicas e infraestructura, particularmente cuando están altamente expuestos por su ubicación geográfica en zonas costeras (IPCC, 2014). La franja costera del territorio mexicano es un importante atractivo turístico; tan sólo en Quintana Roo, la inversión en construcciones hoteleras y servicios para turistas superó los mil millones de dólares en 2007. Un alto porcentaje (78%) de la población de esta entidad vive en ciudades costeras, lo que revela una alta vulnerabilidad ante el cambio climático, principalmente por el incremento del nivel del mar, el aumento de la intensidad y ocurrencia de los huracanes e inundaciones y la erosión costera, que en conjunto se traduce en pérdidas de vidas humanas, bienes económicos y recursos naturales. En 2005, con el paso del huracán Wilma, se erosionaron 12 kilómetros de playas en Quintana Roo, destruyendo la infraestructura hotelera y casas particulares, resultando en daños cuantificados en 5,400 millones de pesos. En 2007, el huracán Dean azotó la localidad de Mahahual que sufrió severos daños a causa de los fuertes vientos sostenidos de 270Km/h. El 80% de su infraestructura turística resultó destruida, así como segmentos de vías de comunicación, la playa y el muelle de cruceros (Hernández, 2014).

Ante este contexto, el objetivo principal del proyecto fue abordar, desde el pensamiento sistemático y el enfoque interdisciplinario, la resiliencia urbana costera ante huracanes en Chetumal, Tulum y Playa del Carmen. Esto con la finalidad de hacer frente a los efectos del cambio climático y apoyar el desarrollo resiliente de sus instituciones, infraestructura, actividad económica y social, y desde luego, de su entorno natural. Para ello fue necesario definir un marco conceptual para el estudio de la resiliencia urbana costera ante huracanes, a partir del enfoque de los sistemas socio-ecológicos complejos y adaptativos. Con base en este modelo conceptual se estableció un sistemas de indicadores para evaluar la resiliencia urbana costera ante huracanes en las tres ciudades referidas. El análisis de los resultados de cada estudio de caso contribuyó al diseño de acciones y estrategias viables y pertinentes para asegurar y mejorar la resiliencia de estas localidades urbanas costeras que se ubican en el Caribe Mexicano.